Historia de Sara: Violencia, cutting, anorexia e intento de suicidio

por: Uniradio Noticias - 15 Septiembre 2017, 07:53 am

Por Gabriela Medina

Hermosillo.- Cuando Sara platica sobre su niñez, lo más vivo en su recuerdo es la violencia, el alcoholismo de su padre, los golpes que éste le propinaba a ella, a su hermanita y a su madre.

Ella no añora con cariño su infancia como la mayoría de las personas, ella la recuerda con coraje, con la rabia de ver cómo su padre las violentaba, cómo su madre se callaba, y cómo los familiares que lo sabían no hacían nada por ayudarlas.

“Él siempre llegaba tomado, llegaba mal, borracho, y quería desquitarse con todo mundo porque él es muy agresivo, muy, muy agresivo. Entonces fueron pasando los años, él es muy celoso también, posesivo, y por ejemplo si mi mamá llegaba al trabajo y un compañero le decía ‘mira traes el cuello mal’, eso ya era golpiza segura. Ella sigue con él y yo creo que es miedo. Entonces mi hermana y yo siempre hemos crecido con eso, es rencor hacia mi padre”.

Tenía 5 o 6 años cuando aún vivían en la Ciudad de México, y cada vez que se escuchaba la puerta porque llegaba papá, las dos niñas corrían aterrorizadas a esconderse bajo la cama, y es que generalmente llegaba borracho y esa era apenas la antesala de una paliza.

_¿Cómo es para una niña de 5 o 6 años vivir con miedo a su papá?

Pues muy feo, porque como dicen, el primer amor de tu vida es tu padre.

_¿Y para ti lo era?

No. Yo me acuerdo que a los festivales del Día del Padre nunca quería ir, porque era ver a mi padre y decir ‘no te lo mereces’. Imagínate que una niña de kinder no quiera ver a su padre, es muy, muy difícil.

_¿Te pegaba a ti siendo tan pequeñita?

Sí nos pegaba.

¿Se lo reclamaste alguna vez?

Sí, muchas veces.

Cuando Sara cursaba el segundo año de primaria, la familia se mudó a Hermosillo. Y en esta ciudad en donde muchas veces quienes hablan diferente, sobre todo quienes son originarios del sur del país son señalados, criticados y víctimas de bullying, debió enfrentar la burla de quienes empezaron a llamarla “La Guachita”.

Pero eran tantos los problemas en casa, era tanto el coraje que cargaba la pequeña contra su propio padre, que lo que sus compañeros le hacían poco le importaba. El daño de las burlas no se comparaba con el daño de la violencia física y psicológica que sufría en casa.

Pero igual, todo eso que enfrentaba en su entorno en casa y en la escuela, abonaba al rencor con el que lidiaba día a día, y a la frustración de no poder salvarse y salvar a su madre de aquel tormento.

_¿Tu mamá era tu refugio?

Sí, mi mamá siempre ha sido mi refugio, siempre.

_¿Y quién era el refugio de tu mamá?

Mi mamá siempre se ha callado, por mi hermana y por mí siempre se ha aguantado todo.

Cuando Sara entró a la secundaria, los problemas se agravaron y la jovencita encontró la manera de huir de ellos. Trabajaba, estudiaba y hacía ejercicios de una forma exagerada, el fin era estar lo menos posible en casa. Salía antes de las 7:00 de la mañana, regresaba después de las 8:00.

“Cuando cumplí 14 años me metí de empacadora en un centro comercial, entré a natación y además iba a la escuela.

_¿Y a qué hora comías?

No comía. Y mi mamá siempre me preguntaba que si ya había comido y yo le decía que sí. 

Sara se abandonó, se dejó de querer y cayó en la anorexia. Sufrió una drástica pérdida de peso y pasó a ser talla 11 a talla 5.

Mis compañeros me decían ‘estás muy delgada’.

_¿Y tus papás no se daban cuenta?

No.

Yo nunca era de decir ‘mamá me siento mal, estoy triste’. Siempre me encerraba en mi cuarto y lloraba yo sola y ellos no se daban cuenta. Y como yo ganaba mi dinero, yo lo gastaba en mis cosas, en mis uniformes, y nunca les pedía nada. Y yo siempre me sentía gorda cuando me veía en el espejo, y cuando iba en tercero de secundaria ya rechazaba la comida, mi estómago no la toleraba, la vomitaba.

_¿Y tus papás no se daban cuenta de eso?

Pocas veces pero no se les prendía el foco de que fuera un problema alimenticio.

Sus padres, inmersos en sus propios problemas, en su trabajo, en sus problemas de pareja, en la adicción al alcohol, ignoraron las señales, los desmayos, la delgadez, el aislamiento de Sara. Más lejos estuvieron de darse cuenta que siendo una estudiante de secundaria, empezó a autolesionarse, a practicar el cutting. Se cortaba las piernas, algo que la hacía concentrarse en el dolor físico y olvidarse un poco del emocional.

Dejó de hacerlo un tiempo, pero a los 19 años llegó otra crisis y retomó el cutting, y con ello, el deseo de morir.

“Cuando me quise suicidar fue haciendo eso en mi cuarto. Entró mi papá cuando me estaba cortando”.

Fue hasta ese momento, hasta que la situación tocó fondo, cuando el padre de Sara abrió los ojos y entendió que su hija tenía un problema, un grave problema. Y así, después de llegar a lo más profundo, después de casi 20 años de prácticamente mirarla de reojo, voltearon a ver a su hija, la tomaron de la mano y juntos empezaron a buscar la salida.

Pero ese camino es difícil, y más cuando no se aceptan los errores. Y es que aun cuando Sara lucha, su padre sigue con el alcohol, y por lo tanto la violencia con su madre no se acaba.

“Y siempre (le digo) ‘mamá divórciate, mamá sepárate, no lo hagas por nosotras, hazlo por ti’.

_ ¿Han hablado con tu papá?

Sí. Mi hermana un día habló con él y él le contestó: ‘no es tu casa, no es tu problema, yo siempre he sido así y no voy a cambiar, no quiero cambiar’.

Pero Sara ya entendió que no puede seguir cargando con ello, que su camino es otro, que no depende de que sus padres quieran o no superar sus frustraciones y miedos. Sara decidió que ella necesita volar, y sus alas sólo la pueden salvar a ella, pues los demás tienen las propias y cada quien decide cuándo abrirlas y vivir en plenitud, emprender el vuelo.

“Yo no me quiero morir, en ese momento sí me quería morir pero ya no. Lo que he aprendido es que ya no debo quedarme callada, que si me siento mal tengo que decirles a mis papás, a mis amigos, a mi novio, ‘me siento mal, ayúdame’. Porque si te quedas callado es peor porque vas guardando esos sentimientos, y después dices que nadie te ayudó, que siempre has estado solo, pero como dicen, al que no habla Dios no lo oye. Y hay veces que estoy tirada en mi cama y no me quiero levantar y me pongo a llorar, pero luego digo, no puedo pasar toda mi vida así, no puedo”.

Busca ayuda. Fundación MAPA Hermosillo, ubicada en avenida Pedro García Conde #207, colonia Pitic. Teléfono: 20 14 44 77.

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