Por miedo a vivir, Octavio atentó contra su vida

por: Uniradio Noticias - 12 Septiembre 2017, 06:42 am

Por Gabriela Medina

Hermosillo.- Apenas era un niño y Octavio ya vivía sumido en una profunda tristeza. Se sentía incomprendido, se aislaba, siempre se consideró menos valioso que el resto de los chicos de su edad, aprender le costaba mucho, la escuela era más que un gusto, un martirio para él, no se podía concentrar, no entendía lo que le explicaban.

"Yo era un niño que me aislaba, con baja autoestima, me sentía triste, yo siento que el mismo problema de la depresión no me dejó desarrollarme, estudiar, vaya."

"Desde primero de primaria yo fui mal en la escuela, de hecho yo iba a dos escuelas, siempre con un coraje contra mí mismo. No sabía porqué pero sentía coraje por no poder desarrollarme como un niño normal".

Antes, recuerda con pesar, les llamaban niños de lento aprendizaje, hoy, dice, los conocen como niños con déficit de atención e hiperactividad. Antes como ahora, eran señalados, duramente señalados. Y no sólo por sus compañeros, por sus vecinos, por la sociedad, sino por su propia sangre, su propia familia, su propia madre.

"Porque mi mamá, yo sentía que era al que menos me quería. Lo sentí desde niño porque éramos cuatro. Yo era el sandwich, el que se siente incomprendido normalmente. Y luego más que un día mi mamá me dijo que qué lástima que yo llevaba el nombre de mi papá".

"Me lo dijo porque no era un buen estudiante, porque no era un niño normal.

_¿Porque no era digno de llevar el nombre de su papá?

Así es.

_¿Cuándo le dijo eso?

Creo que tenía como unos 9 o 10 años.

_¿Y usted tiene cuántos ahorita?

50.

_¿Y no se le olvida?

No, ni se me va a olvidar".

Y así creció, con esa espina clavada en el pecho, el sentimiento de no ser digno ni siquiera de llevar el nombre de su padre que era médico, incomprendido por sus padres, con el dolor de un hijo que se siente rechazado por su propia madre, una madre recia, dura, que tal vez en su desesperación de no saber qué hacer para ayudarlo, un día expresó sin el menor tacto aquello que marcó la vida de Octavio para siempre, aquello que aún resuena en su cabeza tan fuerte como hace más de 40 años.

"Yo desde niño pensaba 'para qué habré nacido, el mundo no es para mí, nadie me comprende, ni yo me comprendo. Batallaba para dormir, no me podía despertar. Fui creciendo, fui creciendo y fui desarrollando más ese sentimiento".

"Yo pensaba desde niño que si para qué nacía, incluso decía que si me hubieran dado a elegir el nacer o no nacer yo hubiera elegido no nacer, así me sentía yo".

Cuando Octavio tenía 16 años su papá murió, ese hombre con quien tuvo problemas porque aun siendo un doctor nunca encontró la manera de ayudar a su propio hijo. Después, ya enfrentando la pérdida, en la juventud abanderó la rebeldía, y con ella llegó como un escape y como una debilidad el alcohol y las drogas, una forma de olvidarse de la tristeza que oprimía el pecho, de lo inferior que se sentía de las demás personas.

Y es que admite Octavio, él siempre le tuvo miedo a la vida, no miedo a morir, miedo a vivir y tener que enfrentar las situaciones que se le presentaban

A los 27 años se casó. Cuatro años después empezaron los problemas en su matrimonio y con ellos llegó por primera vez la decisión de quitarse la vida.

"Yo creo que por que llegó el primer hijo y ella desvió más su atención al hijo que a la pareja. De hecho cuando ella estaba embarazada de casi nueve meses tuve un intento de suicidio. Con medicamentos y alcohol".

_¿Qué pensaba en ese momento?, ¿no lo motivaba su hijo?

Me daba miedo, no miedo sino...

_¿Sentía que era muy grande el reto?

Sí. Aparte pues también influye la mujer, como que no había comprensión de ella hacia mí.

El intento fue fallido, lo encontraron adentro de su carro y lo llevaron a recibir atención médica. Pero la depresión y los problemas no pararon ahí, el deseo de morir tampoco. Ese tan sólo fue el primero de siete intentos fallidos de suicidio.

"El último sí estuve grave, fui a dar al hospital, duré como 5 días en terapia intensiva. Me tomé 50 viagras y 25 tafiles. Pero antes de esa hubo otra que me tomé 300 pastillas".

_Usted en siete ocasiones ha tratado de quitarse la vida y aquí está. ¿Usted es valiente o es cobarde? ¿Cómo se considera usted?

Pues mire, en mi experiencia muy personal mi depresión llegó a un grado de que ¡híjuela!, una desesperación con ansiedad, con miedo, con fatiga mental y un vacío en el pecho, una opresión. Al grado de que en mis periodos ya críticos me dormía con angustia, con tristeza, con vacío y me despertaba en la madrugada sintiendo lo mismo. Y no se puede vivir así, la verdad es un infierno".

_¿Y en el momento que lo va hacer qué siente? ¿Siente temor a quedarse o siente valor para irse? ¿Qué siente?

Siento temor a la vida. Bueno sentía, ahorita gracias a Dios y gracias a estar aquí en Fundación MAPA he salido.

Hace casi dos años, después de tocar fondo y vivir en él por muchos años, Octavio llegó a Fundación MAPA, un lugar en donde lo han ayudado a rescatarse a sí mismo de lo que llamaba un infierno en vida. Se desintoxicó de las drogas, retomó una sana relación con sus dos hijos, aun estando separado de la que fue su esposa. Y ahora agradece el no haber logrado morir en siete ocasiones. Ahora asegura, disfruta la vida, lo logró.

_¿Usted aprendió a vivir otra vez?

Sí.

_¿A qué edad aprendió a vivir otra vez?

Pues a los 49.

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