Molino El Hermosillense conserva el pasado en su reloj

por: Uniradio Noticias - 31 Agosto 2017, 05:26 pm

Por Alán Aviña

Hermosillo.- El Molino El Hermosillense (hoy Molino La Fama) aún se conserva, y el crujido del piso de madera, el olor del trigo contenido en sus paredes y el repique de la campana del reloj cada hora, es un viaje fugaz al pasado.

Destinado a ser un museo, el antiguo molino permanece intacto. El piso, la maquinaria, las paredes y las escaleras son de madera. La fachada es de ladrillo y el silencio de su interior sólo lo interrumpe el trajín de la ciudad.

Tiene cuatro niveles, y en el último aún se conserva el mecanismo operado manualmente desde hace 27 años por Gildardo García Corella, que hace posible que suene cada hora.

“Antes me llamaba la atención, que veía la puerta cerrada siempre y me empecé a involucrar con el señor que le daba cuerda. Siempre me ha gustado, y cuando se descompone ando preocupado viendo donde está la falla, y hasta que le encuentro”, dijo Leobardo.

En 1900 en Hermosillo sólo había tres edificios que tenían reloj en sus fachadas: uno estaba en la Capilla del Carmen, otro en la Catedral Metropolitana y el último en el Molino.

Leobardo Espinoza Martínez, Encargado de Limpieza, Sanidad y Conservación de Trigos en Molino La Fama, y que también se dedica a conservar el antiguo edificio del Molino, contó que el repique de la campana se escuchaba, en ese entonces, en toda la ciudad.

“Todo era baldío, estaba solitario, los únicos que habitaban aquí alrededor era empleados del molino, el inicio del reloj era para avisar a la gente sus horas de entrada o de salida, aquí de la planta”, comentó.

El Molino El Hermosillense fue construido en 1897 y según Ignacio Lagarda Lagarda, cronista de la ciudad, era de las empresas de harina más importante del noroeste mexicano.

Además, alrededor del Molino se tejieron historias por la estela de sonido que dejaba cada hora su reloj, por las fuentes de empleo que generaba y por los beneficios que dejó en la población.

“En 1904, 1905, se le instaló una planta de energía eléctrica anexa, para que funcionara la maquinaria, pero también esa planta sirvió para darle las primeras lámparas de alumbrado público y las primeras lámparas eléctricas en las casas de Hermosillo”, comentó.

Por su parte, Leobardo abundó: “Esta planta nos daba la energía para las plantas de los motores eléctricas al interior de la misma, y de aquí mismo manda sus líneas a sus empleados. Vemos como todavía son viejísimas, son de palanca el transformador, y nada está en uso ya”.

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