Martha Huerta

Martha Huerta

Columnista

Detox emocional

21 Noviembre 2017

Por Martha Huerta

A lo largo de la vida vamos experimentando distintas situaciones y acontecimientos, algunos placenteros y otros dolorosos. Tenemos la creencia que aquellas situaciones que nos ocurrieron en nuestra infancia al no recordarlas no afectan nuestra vida de adulto, o todo aquello que vivió y sintió mamá en el vientre, no tiene ninguna repercusión en nuestro presente.

Ahora está comprobado que todas aquellas emociones que no pudimos digerir desde nuestra infancia continúan bloqueadas en nuestro cuerpo, estas emociones pueden provocar enfermedades, por ahí se escucha esta frase: “El cuerpo expresa lo que la mente calla”.

Si por décadas llevas cargando emociones dolorosas, de alguna manera u otra, ya sea por medio de síntomas, enfermedades o situaciones, la vida se encarga de hacerte saber acerca de la asignatura pendiente que dejaste por ahí, sin resolver.

 ¿Pero cómo funciona?

Cuando de pequeños, a lo largo de nuestra vida y ahora de adultos, no entendíamos alguna situación y sentíamos miedo, tristeza o culpa, al no saber enfrentar la emoción, no nos quedaba de otra más que ignorarla y es así como nos convertimos en expertos en el arte del bloqueo de las emociones, ya sea suprimiendo (recordamos el acontecimiento, pero hacemos como si éste no hubiera ocurrido), reprimiendo (cuando el acontecimiento queda atrapado en el inconsciente, pero el dolor igual continúa ahí) o cuando intentamos escapar por medio de alguna adicción (tabaco, alcohol, redes sociales, compras, comida, juegos de azar, etcétera).

De cualquier manera el dolor nos ha venido acompañando durante todo ese tiempo. El objetivo de estas situaciones y de este dolor no es otro más que hacernos crecer una vez que hayamos enfrentado y canalizado la emoción, de esta manera no volvemos a ser las mismas personas, se integra un crecimiento aun cuando han pasado décadas.

Cada vez que una situación te lleve a detonar emociones negativas, en lugar de enojarte con la vida, pregúntate ¿Qué me quiere enseñar esta situación? ¿Qué necesito cambiar en mí? ¿Qué necesito aprender? ¿Por qué me está volviendo a ocurrir? ¿Cuándo fue la última vez que me sentí exactamente igual?  Date unos minutos para reflexionar, pudiera cambiar por completo el panorama, intenta descubrir lo que la vida te quiere enseñar.

Cada emoción emite una vibración en particular, las emociones altas emiten vibraciones altas (como la alegría, la felicidad, la gratitud) y las emociones densas emiten una vibración densa (como el miedo, la ira, la frustración) estas vibraciones hacen que atraigamos situaciones o personas a nuestra vida afines a esta vibración. En pocas palabras volvemos a tropezar con la misma piedra una y otra vez, pues hasta que no trabajemos y sanemos esas heridas, se nos seguirán repitiendo situaciones similares a lo largo de nuestra vida con el objetivo de darnos cuenta y hacer algo al respecto. Si de niños no teníamos la capacidad de afrontar el dolor y sanarlo, ahora de adultos somos cien por ciento responsables y capaces de trabajar en el dolor para poder evolucionar en consciencia.

¿Cómo saber si sané mis viejas emociones?

Sabremos que hemos sanado si al recordar determinada memoria dolorosa, no la acompaña ninguna emoción densa o negativa, sino al contrario, al recordar la memoria solo sentimos agradecimiento por el gran aprendizaje que dejó en nuestra vida.
Todos sabemos que no es tarea fácil enfrentar ese dolor de antaño, porque no sabemos cómo hacerlo y pensamos que si lo seguimos ocultando, el dolor de alguna manera también desaparece. Ahora tenemos una gran motivación para enfrentar nuestra historia emocional, pues al empezar a trabajar para procesar, digerir y metabolizar todo ese dolor, tu vida la comienzas a ver a través de un cristal más claro, te llenarás de energía y tu vida será mucho más positiva y significativa.

El primer paso para trabajar en ello, es darse cuenta y aceptar todo el trabajo que tenemos frente a nosotros y el siguiente es encontrar algún tipo de terapia con el niño interno herido, asistir a talleres de crecimiento personal, asistir a terapias de constelaciones, escribir y plasmar todo el dolor en cartas personales sólo para ti, para reconocer y validar todo aquello que hemos bloqueado por años. 

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