Nancy Hernández

Nancy Hernández

Nancy Hernández ME, Integración y Desarrollo de Talento

La madurez humana

17 Agosto 2016

Por Lic. Nancy Elena Hernández, M.E.
 
 
“La madurez empieza a manifestarse 
cuando sentimos que nuestra preocupación
es mayor por los demás, que por nosotros mismos”
Albert Einstein
 
 
Es complejo hablar de madurez, ya que el concepto en sí puede ser interpretado de muchas formas, la idea de abordarlo es para hacer una revisión de nuestro concepto personal y además una evaluación de nuestra práctica de la madurez.
 
Generalmente la idea errada tiene que ver con creer que la edad cronológica implica de manera natural el desarrollo de la madurez, sin embargo en la actualidad basta ver la conducta de personas de edad “madura” como si fueran adolescentes, incluso haciendo rabietas como niños, para eso ya tenemos el “síndrome de Peter Pan”, aludiendo a aquellas personas que sin importar la edad se resisten a crecer… a madurar.
 
Por otra parte, hemos oído la expresión “ese niño desde los 10 años tiene que trabajar para mantener a su familia, es muy maduro para su edad”; que las circunstancias hayan orillado a un infante a enfrentar situaciones de responsabilidad que se supone no le tocan, no es madurez, es dejarlo sin opciones y sin la oportunidad de vivir las etapas de su vida como corresponde, ¿triste caso verdad? Pero tampoco es madurez.
 
Cuando nos referimos a la madurez humana, hablamos de que las personas debemos trabajar en algunas cualidades que podemos desarrollar independientemente de nuestra edad, personalidad, temperamento y circunstancias, son cosas que debemos desear incorporar en nuestras vidas, con el objeto de vivir con plenitud y felicidad.
 
Aprendizaje permanente. Aquel que vive la filosofía: “todos pueden enseñarme algo y todos los días puedo aprender” es quien tiene la mejor capacidad de cambiar y ser mejor, entender a la gente y comunicarse con ella, eso implica hablar y ser escuchado.
 
Dominio propio. Es el autocontrol, poder decirle al cuerpo, a la mente y las emociones que yo soy quien decide es algo maravilloso, es cuando tomas las riendas de tu vida, la diriges a donde quieres ir y puedes cosechar el fruto de tu siembra, que de haberlo hecho bien, trae resultados gratos y placenteros.
 
Integridad en valores. El discurso de los valores está muy gastado, qué pena, sin embargo tiene un alto costo el que dejemos de intentar. Sigamos en la búsqueda de la congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos, tratemos con energía de estrechar más esa brecha.
 
Fortaleza interna. Es la fuerza espiritual que desarrollamos cada uno, es la fuerza de nuestros fundamentos, es la roca en la que nos paramos (o la arena en ocasiones), es el lugar hacia a donde volteamos en nuestros momentos más oscuros, de pesar y de incertidumbre, y una vez allí nos da la voluntad de salir airosos de esas circunstancias.
 
Vocación de servicio. Cuan bien hacemos cuando trabajamos para ayudar a otros, nuestra comunidad requiere suplir muchas necesidades que sólo nosotros podremos atender, viendo al futuro, sin reclamos, desprendiéndonos de un poco de nuestro tiempo y esfuerzo, regalando palabras de aliento a quienes no creen que pueden salir adelante, agradeciendo así todos los regalos que recibimos diariamente, empezando por el de la vida.
 
Mi maestro Marcos Salvador Hernández me dijo hace tiempo: “andando en un bosque oscuro, el camino se dividió en dos, yo escogí el menos transitado y eso hizo la diferencia”, yo creo que ese camino es el de la madurez ¿Quién quiere transitarlo?
 
Integración y Desarrollo de Talento
neregino@gmail.com
 

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