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Columnista

¿Es el vegetarianismo y los demás –ismos el mejor camino?

8 Agosto 2016

Por Oziel Farías

El vegetarianismo y los demás –ismos (veganismo, frugivorismo, ovolacto vegetarianismo) son corrientes que han ido cobrando fuerza en lo que va del siglo XXI. Los individuos deciden adoptarlas por cuestiones de salud, ética, cuidado ambiental, conciencia, religión, moda o curiosidad. En lo personal llevo un año ya como ovolacto vegetariano, y de verdad que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, pues con el tiempo puedo afirmar con certeza y convicción que he visto grandes cambios en mi salud, estados de ánimo y vida en general, incluyendo el hecho de que ya hasta me dedico a mostrar la viabilidad de una vida basada en una dieta saludable, y sin tener que apoyarnos tanto en los productos animales.

Algo que ha llamado mi atención durante mi transformación, de ser un chef estudiante foráneo, que se alimentaba de nuggets y flautitas congeladas, a ser un health coach nutritariano, con mucho más empeño y atención en lo que le doy a mi cuerpo para apacharlo y nutrirlo, es que existe una tendencia muy grande de decidir seguir una de estas corrientes sin consideración o planeación alguna; ojo, vegetarianismo y compañía no es sinónimo de salud si no se lleva de manera inteligente y responsable. Yo también pasé por esa etapa en donde encantado de la vida me convertí en vegetariano y todo era felicidad porque podía comer todos los quesos, harinas y demás productos no animales a mis anchas, sintiéndome “bien”, mas no del todo.

Existe otro –ismo por ahí, conocido como el vegetariano chatarra, que me temo que llega a ser uno de los más usuales, tienden a ser aquellos que basan su alimentación en dejar a un lado el consumo de animales, pero es cosa de casi todos los días las gorditas de rajas con queso, los taquitos de papa, las pizzas vegetarianas, hamburguesas de portobello, y así sucesivamente, que no digo que no esté bien, simplemente no es lo óptimo apoyarnos completamente en estas opciones, que con el tiempo, nos pueden enfermar tanto como si aún consumiéramos carnitas y pollo frito.

Otro error garrafal, es apoyarse completamente en la soya al momento en que te decides por un -ismo, pues es lo más cómodo y fácil que puede haber, al fin hay milanesas de soya, sustituto de carne de soya, salchichas de soya, y casi creo que vacas de soya; es como si al cortar con tu novia güera o tu novio pelo chino buscas a alguien con esas mismas características para no resentir el cambio, en el caso de la soya es un poco más grave, pues ninguna pareja que te consigas va a ser 90% genéticamente modificada o a provocarte desarreglos hormonales, bueno sí, pero no del tipo que causa la soya, toda una controversia que te aconsejo que investigues, el por qué dejar de buscar la soya hasta en el cereal, pues irónicamente también nos está enfermando.

Te invito a poner en tu lista negra, antes que los productos animales, los productos procesados, y ni se diga de los productos animales procesados y/o industrializados, ahí radica el problema latente que está acabando con nosotros. Antes de optar por alguno de los –ismos, sea cual sea tu razón, ten una convicción segura del porqué lo estás haciendo y planifica tu alimentación, haciendo el cambio poco a poco. Ejemplo muy claro, la proteína, nadie nunca se preocupa por qué tanta o tan poca proteína estás consumiendo, hasta que decides ser alguna especie de vegetariano, hay muchos que hacen este cambio sin considerar esos detalles importantes, pues existen proteínas de origen vegetal de igual o mejor calidad que una proteína animal, ¿Quinoa, amaranto, chía, leguminosas?

Adoptar un –ismo no es cualquier cosa, pero se los recomiendo ampliamente, y más que nada el que en lo personal he decidido adoptar recientemente, sí, aún soy vegetariano, pero más que eso he encontrado un término mucho más acertado en torno a lo que creo y pienso que es el camino ideal para cualquiera, el nutricionarismo, que consiste básicamente en enfocarnos en comer todo aquello que nos nutre, dejando a un lado todo lo procesado, que en su mayoría es una porquería, siguiendo con apoyar a la producción local, productos orgánicos y mantener un refrigerador surtido de comida fresca y viva, no una alacena llena de comida muerta. Por eso te exhorto, si es que no es tu intención adoptar un –ismo, pero sí cuidarte, toma un día de la semana, o una semana del mes, donde tus hábitos alimenticios se basen en lo recomendado anteriormente, un día a la semana que decidas no comer productos animales ni procesados, estás dejando un gran impacto en tu vida y en el entorno, y verás cómo poco a poco vas a querer que sea todos los días, pero mientras tanto tomemos iniciativas como la de “meatless Monday” o “Lunes sin carne”, un movimiento de gran fuerza que fomenta esta práctica. Si la confusión ha de seguir, que seguro será así, para eso está tu servidor para darte un empujoncito a este maravilloso mundo de comer ligero y saludable, siguiendo un –ismo o no, se puede. 

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