Francisco Javier Huerta

Francisco Javier Huerta

Columnista

Conócete a ti mismo

10 Enero 2018

Por Francisco Huerta

El fin de año, como el cierre de cada etapa o ciclo nos resulta siempre un pretexto perfecto para hacer balances de todo tipo, logros, metas cumplidas, objetivos alcanzados, etcétera. Numerosas publicaciones físicas o digitales que circulan nos pueden servir como herramientas para hacer dicho balance, sin duda un ejercicio recomendable.

De igual forma circulan también muchas herramientas que resultan útiles para trazar nuevas metas y objetivos para el año por iniciar. La llamada corriente de autoayuda, motivacional y del you can do it, en estas fechas hace su agosto, o mejor dicho su diciembre.

Sentido del logro, entusiasmo, voluntarismo y motivación para continuar son algunas de las consecuencias de este balance a favor, pero no todo es miel sobre hojuelas. En la otra cara de la moneda tenemos que la depresión, ansiedad, estrés, frustración, son solo algunas de las consecuencias negativas que podemos enumerar después de un ejercicio desfavorable.

Curiosamente preferimos hacer la famosa lista de propósitos de año nuevo antes que el balance del año que termina, evitando así las consecuencias negativas que arriba mencionamos. Aun cuando en nuestra nueva lista de propósitos incluyamos los no logrados en el año que termina, por supuesto siempre tenemos excusas para justificarnos.

Dejar de fumar, hacer ejercicio, bajar de peso, ahorrar dinero, y un largo etcétera conforman los más comunes de los propósitos que establecemos. Sin duda el logro o no de dichos propósitos tiene que ver principalmente con nuestros hábitos o vicios, según sea el caso, es decir, en términos generales hablamos de hábitos para referirnos a cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún proceso cognitivo, y que además es aprendido, ya sea por imitación o cualquier otro mecanismo de aprendizaje. Cuando nos referimos a los hábitos que resultan en perjuicio propio o de otros, estamos hablando de vicios que es menester disminuir y hasta donde sea posible erradicar.

De esta forma nuestros hábitos nos predisponen para actuar de una u otra forma en cada ocasión, claro está que también intervienen otros factores como valores, ideas, sentimientos y experiencias significativas, sistema de creencias y algunos elementos situacionales.

Con todo esto una de las alternativas que pudieran garantizar mayor éxito en la consecución de metas y objetivos, en este caso con nuestra lista de propósitos, tiene que ver con el establecimiento de hábitos que impacten de forma directa en dichos propósitos, metas u objetivos.

Ahora bien, en el establecimiento de hábitos también hay muchas recetas, muchos métodos y técnicas mágicas que prometen hasta lo imposible. Tendríamos por principio que buscar la más adecuada a nuestra situación personal, aquella que se ajuste a nosotros en lo particular, que tome en cuenta mi personalidad, alcances, limitaciones y circunstancias concretas.

Lo malo es que a veces no conocemos ni siquiera esto que acabamos de mencionar, no conocemos nuestra naturaleza humana, nuestra situación personal, carácter, temperamento, alcances, limitaciones y circunstancias concretas.

Tengo 20, 50 o “X” cantidad de años viviendo conmigo mismo y no me conozco en lo más mínimo, no me he tomado la molestia de asomarme a mi interior y conocerme, aunque sea un poco. Este puede ser un buen comienzo, apagar por unos minutos la radio, la TV y apartarme de todos los dispositivos e incluso de los libros y saludar al fantasmita amistoso o al demonio, en ocasiones no tan amistoso, que llevamos dentro.

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